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2010/09/29

Contra Punto-Salud a domicilio: médicos para olvidados y marginados - Noticias de El Salvador - ContraPunto

 ContraPunto visitó uno de los equipos de salud comunitaria que ya ha puesto en marcha el Ministerio de Salud en Chalatenango. La idea es buena, pero hará falta que se dote de medios, y sobre de todo lo más importante: medicamentos.

Por Fernando de Dios.29 de Septiembre. Tomado de Contra Punto.

SAN SALVADOR – Teresa Coca vive en una ladera con preciosas vistas a un escarpado valle en el cantón San José, en el municipio de La Laguna, departamento de Chalatenango. En su casa, cuyo zaguán barre una de sus hijas adolescentes, recibe la visita del Equipo Comunitario de Salud Familiar (Ecos) que trabaja en el cantón desde el mes de julio.

La doctora Lorena Magañas es la jefa del equipo. Es una mujer joven, que se muestra comprensiva y didáctica con los pacientes, habitantes de un cantón en lo más recóndito de una zona históricamente empobrecida y azotada como pocas por la guerra civil que azotó a El Salvador durante 12 largos años.

Con ella trabajan una enfermera, dos auxiliares de enfermería, dos promotoras de salud y un trabajador polivalente. Tienen a su cargo un total de 510 familias, y en lo que va de mes de septiembre han atendido a más de 320 personas.

La hija menor de Teresa, un bebé de cuatro meses, va a recibir la segunda dosis de la vacuna contra el neumococo y también se le va a pesar para comprobar que no está desnutrida.

A su casa llegan la doctora, con su pequeño maletín; la enfermera, Victoria Vásquez, que carga un recipiente térmico con las vacunas; y una de las promotoras de salud, quien de inmediato se encarga de montar la pequeña báscula para pesar a la niña colgándola con un cabo del marco de la puerta.

Este es uno de los 25 Ecos que ya operan en Chalatenango dentro del plan piloto puesto en marcha por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) para comprobar las posibilidades de implementación de la Red de Servicios Integrales de Salud, el programa más relevante de la reforma del Sistema Nacional de Salud presentada el pasado lunes por el presidente Mauricio Funes y la ministra María Isabel Rodríguez.

Este aspecto de la reforma, explicaba a ContraPunto el viceministro de Políticas de Salud, Eduardo Espinoza, iba a implicar un cambio de mentalidad de muchos médicos.

“Es una cuestión que va más allá de simplemente sentarse en el escritorio y esperar a que llegue el enfermo”, decía Espinoza.

La pequeña Patricia Vanesa está sana y en su peso ideal, aunque al comprobar su cartilla de vacunaciones, la enfermera se percata de que una de las vacunas que debería haber recibido a los dos meses de edad no está registrada.

La madre explica que esas vacunas se las pusieron en la unidad de salud de La Laguna, y que la que falta no la tenían, que le dijeron que se la debían.

Finalmente el bebé es inyectado, a lo que responde con un llanto de protesta, aunque al minuto ya está otra vez enganchada tan tranquila al pecho de su madre.

- ¿Y qué le parece que lleguen hasta su casa a vacunar a su niña? –, preguntó este reportero a Teresa.

Ella mira alrededor como pensando: “qué preguntas hace este chele”; luego, responde que está muy bien, porque para llegar a la unidad de salud de La Laguna y volver gasta toda la mañana, y además ahora tiene a la doctora mucho más cerca para cualquier emergencia.

Para la doctora, el cambio con este nuevo sistema no es muy grande, puesto que ya trabajaba en esta zona con la ONG Centro de Apoyo a la Lactancia Materna (Calma), realizando seguimientos de los infantes. Hoy realiza un trabajo más integral y está directamente empleada por el ministerio, lo que dice que le da más seguridad.

A Teresa le explica que debe dar a su niña sólo pecho hasta los seis meses, que en su leche están todos los nutrientes y las defensas que necesita.

Después, por un empinado sendero, rodeado de frondosa vegetación y con bellas vistas, el equipo se dirige hacia la confortable casa que hace las veces de clínica, donada por un vecino del cantón mientras se gestiona la compra de un terreno para la construcción de una sede propia y fija para el Ecos.

“Si así fuera la clínica ya estuviéramos contentas”, dice Guadalupe Galdámez, promotora de salud.

En la presentación de la reforma, el presidente Funes hizo hincapié en la solidaridad que estaban teniendo los vecinos a la hora de donar casas para los Ecos, “porque están contentos de tener a los doctores al lado de sus casas”.

De los 74 equipos que ya están en funcionamiento en varios departamentos del país, algunos han sido alojados en viviendas aportadas por emigrantes, según aseguró Funes.

La Red de Servicios Integrales de Salud prevé extender este modelo a todo el país, en especial a las zonas rurales más empobrecidas, apartadas e inaccesibles. Su máxima es que sea el servicio de salud el que acuda a la ciudadanía en lugar de ser ésta la que va a buscarlo.

Enfoque de salud integral

Mientras camina hacia la improvisada clínica bajo el calor abrasador del mediodía, la doctora Magañas va explicando que la visión que ella tiene del nuevo sistema que está implementado el ministerio es la de una atención integral a las familias.

Con el apoyo crucial de las promotoras de salud, su enlace con la comunidad, están recabando información de las familias, desde las condiciones en que está su vivienda hasta la calidad del agua y los alimentos que consumen, así como sus propias costumbres, sus hábitos de higiene.

Casi por inercia del trabajo que venía desarrollando, Magañas dice que en el control de la desnutrición infantil es donde están centrando sus mayores esfuerzos.

Aunque en realidad, explica la doctora, al controlar la desnutrición de los bebés, se controlan también las diarreas, en lo que la doctora afirma que han avanzado, para lo cual deben analizar la calidad del agua y los alimentos. Además, un niño está desnutrido si su madre también los está, con lo que la salud de las madres es un aspecto crucial en este sentido. Y la madre come lo que come toda la familia, así que es de esperar que si mejoran las condiciones de ella, lo hagan también las de sus parientes.

Además, en esa labor el Ecos se coordina con los Comités de Salud de las Asociaciones de Desarrollo Comunitario (Adescos), con lo que se consigue una comunicación constante y se evita que haya duplicidad de esfuerzos e incluso malentendidos.

Esa es la teoría, porque en la práctica, dice la doctora, la realidad es que muchas familias del cantón no logran sacar de sus terrenos lo suficiente para alimentarse. Además, este invierno tan lluvioso no está ayudando.

En esta zona de Chalatenango está muy presente el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas, que desarrolla tanto el programa Alimentos por Trabajo, como el destinado a prevenir la desnutrición infantil.

Este último, que el PMA lleva a cabo en colaboración con el MSPAS y la ONG Plan El Salvador, reparte raciones de harina de maíz y aceite a todos los niños menores de 5 años, a todas las madres lactantes con hijos menores de 6 meses y a todas las mujeres embarazadas.

Algunas familias tienen acceso a una alimentación suficiente gracias a estos programas. Si bien la doctora explica que se está estudiando la implantación de otros, como por ejemplo el de Huertos Caseros, desarrollado por las Comunidades Rurales Solidarias y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), para intentar que siembren y recolecten en sus terrenos buena parte de las verduras y hortalizas que consumen.

Una salud sin medicamentos

Al preguntar a la doctora Magañas por los medios con que cuentan para su trabajo, ésta se muestra cauta. Asegura que están surtidos de los medicamentos de la lista básica. Su queja se centra en el transporte, pues no disponen de un vehículo propio.

Les prometieron que en septiembre lo tendrían, pero el mes está por terminar y siguen dependiendo de la ambulancia de la unidad de salud de La Laguna o de la colaboración de los vecinos.

Sin embargo, los medicamentos le son surtidos desde esa misma unidad de salud, cuya directora, la doctora Rosa Estela Montero, afirma que ellos no tienen cubierta la lista básica desde hace 5 meses.

Montero dice no ver aún los resultados de la implementación de los Ecos, si bien sí ha notado un descenso del trabajo en su unidad porque acuden menos pacientes de zona del cantón San José.

Aunque otros siguen llegando allí, a pesar de la presencia del equipo liderado por la doctora Magañas, porque, dice Montero, ya están acostumbrados a que les atiendan ellos.

En su opinión el modelo que se está iniciando es una buena idea. Lo que más valora es que se está recopilando información de todos los aspectos que afectan a la salud de las personas y se está ordenando en un solo archivo, lo que será útil.

Además, dice, eso servirá para ir cambiando el carácter eminentemente curativo del sistema de salud para hacer más incidencia en la parte preventiva, lo que servirá para ahorrar en recursos.

Su criterio es que hasta dentro de al menos un año, cuando todo el sistema esté más engrasado y funcione mejor, se verán los resultados.

También opina que hay ciertos riesgos en que la gente se acostumbre a que el médico llegue a su casa, pues se pueden acomodar y estar esperando siempre a la visita de las brigadas médicas.

Otra cuestión, dice, es que sin medicamentos, esas brigadas médicas son poco productivas y hasta contraproducentes. Explica que cuando van a las comunidades la gente siempre les pide algún medicamento, que siempre les duele algo.

“Y no puedes hacer esas visitas sin medicamentos. Se los tienes que dar. Entonces desabastecemos aún más la unidad de salud, y eso es un problema”, dice la doctora.

Cuestión de prioridades

El presidente del Colegio Médico, Rodolfo Cañizalez, opina que el plan del gobierno adolece de muchas imprecisiones en el aspecto económico y de demasiada ideología política en el plano teórico.

Haciendo sus cuentas, llega a la conclusión de que sólo en salarios para los 14,000 nuevos empleados que se han anunciado, se gastarían alrededor de $85 millones de los $110 millones de aumento de presupuesto del MSPAS anunciado para 2011.

Sin embargo, nadie ha dicho que los 14,000 nuevos puestos de trabajo prometidos por el presidente Funes se vayan a cubrir el próximo año.

Por otra parte, el galeno asegura que los hospitales están desabastecidos de medicamentos y material, y que si los Ecos van a sufrir esos mismos problemas, de poco va a servir que se haga llegar al médico y a las comunidades si no lleva medicamentos.

Por último, plantea dudas sobre la disponibilidad de los médicos para “ir a meterse a ciertos lugares”, sobre todo lugares peligrosos, comunidades con problemas de violencia.

Aunque conceden cierta razón en este punto al presidente del Colegio Médico, las doctoras Magañas y Moreno coinciden en considerar que el trabajo de campo es el más satisfactorio para ellas.

“Mi sueño siempre fue estar en las comunidades”, dice la doctora Montero.

Por su parte, la doctora Magañas cuenta que siempre ha estado haciendo su trabajo en este medio, desde que empezó a hacer prácticas en la universidad. Para ella, es una cuestión de prioridades dentro de la carrera médica.

La doctora Montero, por su parte, comenta que el trabajo en el campo conlleva una atención constante, que los horarios se estiran a menudo y que, con los nuevos planes del MSPAS, muchos sábados deben acudir a reuniones, cuando es día de descanso.

Por ello, aunque reconoce que le gusta, pide que se gratifique ese aumento de horas de trabajo. “Esta bonito (el trabajo que realiza), pero que le paguen bien a uno”.

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